Los Sindicatos y el Mobbing

 Los Sindicatos y el Mobbing

Este pasado primero de  Mayo no fui capaz de escuchar alguna declaración en los medios de comunicación sobre la Presión Laboral Tendenciosa (mobbing) a la  que  a diario son sometidos los trabajadores y las trabajadoras de este país.

Se habló, hablaron los sindicatos  de la inestabilidad, de la  precariedad laboral, de la merma de los derechos económicos de los trabajadores pero, no se hizo un alto en el camino para el mobbing que degrada derechos fundamentales  de la persona del trabajador o la trabajadora como el derecho a su integridad física y moral, entre otros y que en un día como ese necesitaba, creo yo  una mención a parte.

Ni sindicatos, ni medios de comunicación ( ninguno de ellos es  ajeno al problema por cierto), se hicieron eco de esta lacra con rango  de crimen impune de cuya existencia y de su gravedad a nadie le cabe duda ya, independientemente de su dificultad probatoria o su falta de legislación específica y tipificación penal (muy próxima). En mi humilde opinión esto es un síntoma nada halagüeño para su erradicación.

El trabajador o trabajadora (indefinidos) que son sometidos a violencia laboral tienen que abandonar el puesto de trabajo por la puerta de atrás,  perdiendo el derecho a su indemnización (objetivo del mobbing) y con un  futuro laboral y por lo tanto económico incierto.

Son, en la mayoría de los casos, trabajadores y trabajadoras con muchos años en la empresa (lo que les hace objetivo), y que a una edad madura  se ven en la calle, con lo que reincorporarse  en el mercado laboral no es tarea fácil y, para colmo de los males, el mobbing no termina con la salida del trabajador de la empresa pues los hostigadores y quienes ampararon el hostigamiento deberán mantener su rumorología difamatoria (que ataca a su reputación de buen profesional)   para justificar la autoexclusión de la víctima de la organización laboral.

La unidad hace la fuerza es el mensaje de los sindicatos que poco o nada ha calado entre la clase obrera, que al mismo tiempo ha perdido la conciencia de pertenencia al grupo de los menos favorecidos frente a una clase empresarial que desde los años noventa ha incrementado su poder.

Hoy, desgraciadamente, para cualquier proceso laboral no sobran los testigos entre los compañeros del trabajador afectado (algo impensable en cuestión de mobbing)

Mil novecientos noventa y cuatro es el punto de partida de esa disminución  ya incesante, de derechos laborales , de la pérdida  en definitiva del carácter tuitivo del derecho del trabajo .

Fue entonces cuando se introdujo la temporalidad es decir, inestabilidad y la precariedad en el trabajo.  Hubo protestas sindicales pero lo paradójico es que los sindicatos también, como cualquier otra empresa, hicieron uso y abuso de este nuevo instrumento (doy fe como ex trabajadora de una fundación, sindical, en la que lo corriente eran los contratos temporales).

En el año 2002 el “decretazo”  fue otra vuelta de tuerca con la desaparición de los salarios de tramitación lo que abarata el despido improcedente.  Improcedencia  que por otro lado puede reconocer el propio empresario sin intervención judicial, lo que es una puerta abierta a pactos entre empresario y trabajador (a éste muchas veces no le queda más remedio) sospechosamente fraudulentos.

Poder de organización y dirección y ahora judicial para la clase empresarial y frente a esto  poco le queda que reclamar al trabajador con ese reconocimiento empresarial.  Yo preferiría que siguieran siendo los Jueces quienes impartieran justicia.

Con el Real Decreto 45/2002 no se contempla que las entidades Gestoras ante la reiteración abusiva o fraudulenta de contratos temporales por parte de una misma empresa a un mismo trabajador pudieran solicitar ante la autoridad judicial la declaración de la relación individual como indefinida y la readmisión del trabajador (Esto sí ocurría en el RD 5/2002) por lo que la protección de los trabajadores sufría un nuevo revés.

En las  V Jornadas que AGACAMT celebró en Ferrol sobre el acoso moral en el trabajo representantes sindicales presentes entre el público, declaraban tener miedo a la hora de enfrentarse al empresario porque ellos también eran  padres de familia, ¿acaso mucho de  las víctimas no lo son?.

Cuando escribo este párrafo me viene a la memoria un familiar sindicalista que sufrió las balas de la policía con intención de muerte y tuvo que correr entre tejados mal herido en un conflicto laboral  allá por el  setenta y dos.Años del franquismo y que tal agresión hoy no tendría.

Eva Ventín  Lorenzo

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