¿Qué no es mobbing?

El acoso moral en el trabajo se ha convertido en un serio problema de  salud laboral. Tanto es así que, como se verá en el apartado relativo a cuestiones  legales, han proliferado las demandas por parte de trabajadores que  argumentan que la patología que sufren está enmarcada dentro del mobbing,  y en consecuencia, su finalidad primordial es que se les declare en  situación de incapacidad absoluta por accidente laboral por este motivo. Sin  embargo, no todas las decisiones de los tribunales acaban concediendo la  petición mencionada. Para que se declare el acoso moral en el trabajo es  habitual que se exijan pruebas detalladas y pormenorizadas de los hechos.
En este sentido, y dado que el conflicto nace como consecuencia de un problema  de relación interpersonal, se debe intentar establecer, con la mayor precisión  y cautela posibles, la diferencia entre lo que es una actuación de, por  ejemplo, humor sano o una broma amigable, o lo que podría considerarse  como acoso moral. El contenido y significación de muchos de estos comportamientos  son difíciles de objetivar; por ello, es importante puntualizar ciertos  casos en los que el término acoso psicológico en el trabajo está mal utilizado.
En la tabla 1 se describen algunas de las diferencias entre lo que podría  ocurrir en un entorno laboral normal, donde es habitual la presencia de situaciones  de «conflictos saludables», y otras más sugerentes de mobbing.

Sense títol

 

Existen, por ejemplo, personas que se quejan de pequeños rechazos, de faltas  de consideración o de descuidos por parte de los demás. Sienten que  les están atacando y buscan más razones para seguir quejándose. Son personas
que creen que nunca reciben lo que en su opinión les corresponde,  sintiéndose así las más incomprendidas, rechazadas y despreciadas del  mundo. Estas personas tienden a sentir rencor ante la alegría de los demás,y suelen comportarse de forma suspicaz cuando la gente que les rodea está  alegre, en lugar de participar de esa alegría. Cuando una persona de este  tipo ve que sus compañeros son más alabados que él, puede pensar que  esos elogios son equivocados, y que la persona que debe recibirlos es ella.
Entonces, tienden a pensar mal de los demás sin fundamento alguno, interpretando  las cosas casi siempre de forma negativa y crítica. Denunciando  como perversa la conducta de los demás, buscando de forma activa a los
responsables de su desgracia, llegando incluso a acusar de falsos acosos  morales, para obtener una compensación a «tanto sufrimiento». En definitiva,  son personas que se han autocatalogado clásicamente como «víctimas».
En ocasiones, las propias exigencias del trabajo o de los superiores, y la  imposibilidad para dar respuesta a las mismas, podría ser interpretado como  acoso psicológico. Esta situación es especialmente llamativa en aquellos
casos en los que el trabajador consigue dar una versión parcial, o al menos  incompleta, de la situación y que la misma adquiera notoriedad mediante su  publicación a través de los medios de comunicación, apoyos sindicales, etc.
Como bien dice Piñuel, no todas las situaciones tensas entre trabajadores y  sus superiores constituyen un acoso moral en el trabajo, y un jefe duro y  exigente no ha de ser, por definición, un acosador.
Otros autores han apuntado que los rasgos paranoides de la personalidad existentes  en algunos individuos pueden provocar la aparición de falsas acusaciones  de mobbing. Se trata de personas que viven en un mundo de desconfianza
y, por tanto, ven a los que les rodean como enemigos potenciales. Esta  situación ocurriría también en el entorno laboral, donde desarrollarán ideas  recurrentes de perjuicio, y con frecuencia tomarán medidas legales contra la
persona o personas, que consideren que les están haciendo daño. Algunos  datos útiles para diferenciar el verdadero mobbing de este falso mobbing es  que, por un lado, las verdaderas víctimas del acoso moral dudan, comprueban
y buscan información sobre lo que les está pasando. Se sienten inseguras, no  saben qué hacer, tratan de seguir aguantando por si las cosas terminan tal y  como empezaron y, sobre todo, buscan soluciones al conflicto. Habitualmente,  las personas con rasgos paranoides de la personalidad no se comportan así.
Están seguros y convencidos de lo que les está ocurriendo, no tienen problemas  para contar lo que les está sucediendo y suelen denunciar precozmente a  su agresor. Por otro lado, las verdaderas víctimas quieren que la situación de conflicto se resuelva, y tratan de canalizar las negociaciones con los agresores  hacia un acuerdo. Las personas con rasgos paranoides en su personalidad no  suelen buscar acuerdo, sino que necesitan que el acosador se mantenga incluso toda la vida, puesto que da sentido al delirio de perjuicio.

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