1985-1993: La expansión de los hipermercados

Fragmento del articulo aparecido en : http://abusospatronales.es/informes-y-analisis/venderas-domingo-las-luchas-tiempo-sector-grandes-superficies-comerciales-1976-2011/
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Tres evoluciones generales marcan este período.
En primer lugar, la expansión de la ocupación femenina -de 3.173.800 a 4.105.700 ocupadas-, concentrada en el grupo de edad de 25 a 54 años. Las mujeres abandonan cada vez menos el empleo al casarse y al tener hijos[17]. Esto tendrá repercusiones importantes en dos ámbitos: a) los horarios de compra cada vez están menos sincronizados con los horarios laborales típicos; b) la mano de obra en el sector comercial estará compuesta por un porcentaje creciente de mujeres casadas y de madres. Ambas evoluciones generan una tensión creciente en el sector comercial, al oponerse los horarios de la clientela a los horarios deseados por las trabajadoras.
En segundo lugar, la transformación de la legislación laboral. El Estatuto de los Trabajadores (1980) establece unos límites máximos para la jornada diaria (9 horas) y semanal (43 horas, limitada a 40 horas por la Ley 4/1983).  No se podían hacer más de dos horas extraordinarias al día, quince al mes y cien al año. El trabajo a tiempo parcial se restringía a unos colectivos muy determinados -perceptores de prestaciones por desempleo que las hubieran agotado, trabajadores agrarios y menores de 25 años- y no podía superar los 2/3 de la jornada a tiempo completo. Reformas posteriores amplían algunos de estos límites. La Ley 32/1984 posibilita que cualquier trabajador sea contratado a tiempo parcial e incorpora el contrato de relevo. El Real Decreto-Ley 1/1986 reduce a ochenta el máximo de horas extraordinarias anuales, pero elimina los topes diarios y mensuales. Las empresas comerciales, especialmente los hipermercados, aprovecharán estas posibilidades.
El tercer cambio crucial se da en la normativa de horarios comerciales. El Real Decreto-Ley 2/1985 (Decreto Boyer) elimina las limitaciones sobre el total de horas semanales de apertura comercial, sobre el horario de apertura y cierre y sobre los días de la semana –permite abrir domingos y festivos-. Las empresas podrían decidir sus horarios y días de apertura en todo el territorio del Estado. El decreto-ley fue recurrido por algunas Comunidades Autónomas, que impusieron límites a los horarios y días de apertura. Ello desencadenó una sucesión de litigios judiciales que dura todo este período[18]. Mientras tanto, en muchas comunidades autónomas se abrió algunos domingos y festivos.
Estas evoluciones están en el origen de la importante expansión de los hipermercados en este período: de 47 a 185[19]. Los hipermercados se expanden con el trabajo femenino y la concentración de las compras en un día a la semana. Asimismo, incorporan y aumentan la taylorización y estandarización del trabajo de venta iniciada por los supermercados[20]. La venta ya no se basa en las habilidades interaccionales del vendedor. La mayoría del personal lo componen reponedores y cajeras, que aprenden su oficio en pocos días, siendo fácilmente sustituibles[21]. Los beneficios de la empresa dependen en gran medida de los precios que oferta: ello presiona para rebajar los salarios y, sobre todo, para ajustar al máximo el flujo de mano de obra al de la clientela. La introducción de escáner en las cajas registradoras –en torno a 1990[22]– posibilita y agudiza esta presión. Al centralizar la información suministrada por las cajas, permite calcular la productividad de las cajeras y programar con precisión el número de empleados necesarios en cada momento (Prunier, 2000).
Los hipermercados aprovechan al máximo las posibilidades de flexibilización que les ofrece la legislación. En ellos se comienza a trabajar con contratos temporales a tiempo parcial, a menudo con horarios variables entre semanas, y sólo con el tiempo se consigue un contrato fijo, a veces a tiempo completo. Los contratos a tiempo parcial les permiten adecuar la cantidad de mano de obra al flujo de clientela, especialmente a partir de la introducción del escáner óptico (Bernard, 2005). Carlos Prieto investigó un hipermercado de Madrid en 1989: el 72,4 % de las cajeras trabajaba a tiempo parcial, de éstas, un 42,6% con horarios variables de un mes a otro –que conocían quince días antes del mes correspondiente-. El director de Recursos Humanos afirmaba: “horarios, aquí hay cien mil” (Prieto, 1990).
El control de la mano de obra no se asegura sólo mediante los contratos temporales –con la amenaza de no renovación- y la tecnología –que permite una medición exacta de la productividad-. El sistema autoritario de dones y contradones, la represión antisindical y el sindicalismo amarillo también se extienden a los hipermercados. La organización del trabajo se utiliza para premiar y castigar. Así, las condiciones laborales cotidianas de la cajeras –que deben pedir permiso a la responsable de cajas para multitud de procedimientos (Benquet, 2011: 76)- dependen en gran medida de los mandos: las cajas a las que una es asignada (con mayor o menor afluencia, cerca de los frigoríficos…), la asignación a otras tareas como ordenar ropa (y romper la monotonía de la caja), el tiempo que se tarda en responder desde caja central a una petición (p. ej., de ir a orinar)…
El tiempo se convierte en uno de los dones o castigos privilegiados que la empresa puede utilizar. Los nuevos empleados comienzan con contratos a tiempo parcial, generalmente a fin de jornada o en sábados y con horarios variables y turnos partidos: la posibilidad de tener un contrato a tiempo completo, de no variar horarios, de trabajar por la mañana o en turno continuo se convierte en la principal recompensa que se puede obtener por la sumisión –que a menudo también es sumisión horaria: alargar la jornada cuando se demande[23]-. Los horarios también pueden utilizarse como castigo. Así, las empleadas con cargas familiares suelen cambiar sus turnos con compañeras para conciliar el trabajo con los imprevistos de la vida familiar. La dirección, habitualmente tolerante con estos cambios, puede prohibirlos cuando una trabajadora se aproxima a los sindicatos incorrectos –lo que no sólo perjudica su vida familiar, sino también la de sus compañeras-. Los constantes cambios de turnos y horarios también pueden ser utilizados como motivo de despido[24]. Las empresas disponen así de múltiples medios de presión para obstaculizar a los sindicatos de clase. FETICO se expande con los hipermercados, pasando de tener un 11,2% de los delegados sindicales de las empresas de ANGED en 1980 a un 27,2% en 1990[25].
Tras el decreto Boyer, grandes almacenes e hipermercados comienzan a ampliar sus horarios de apertura y a abrir algunos domingos y festivos. Los hipermercados afrontan los nuevos horarios recurriendo masivamente a contratos a tiempo parcial –algunos de fin de semana, las sabaderas-. El Corte Inglés utiliza también estos contratos –durante un período cubre con ellos el trabajo en domingo, los domingueros-, pero mucho menos: al ser una empresa más antigua, tiene mucho personal con contratos indefinidos a tiempo completo. De ahí que recurra a los incentivos –diez mil pesetas y un día libre por trabajar en domingo- y, sobre todo, al eficaz sistema autoritario de dones y contradones[26].
Con la hegemonía de FASGA y FETICO, los convenios colectivos favorecen a las empresas. Aunque cada vez establezcan más regulaciones sobre el tiempo de trabajo o la contratación –lo que en principio limitaría la discrecionalidad empresarial-, éstas suelen ceñirse a reproducir la normativa laboral[27]. Las mejoras respecto a ésta son reducidas y parecen responder al estado del mercado de trabajo. Así, el convenio de 1989 –firmado por FASGA, FETICO, UGT y CCOO- establece que el 15% de los contratos temporales con más de 6 meses han de pasar a indefinidos –algo fácil de cumplir: las empresas ya estabilizaban a los empleados leales-, y el de 1991 –firmado por FASGA y FETICO- establece que en el primer trimestre se proporciona a los representantes sindicales los cuadros horarios anuales de los trabajadores –nada conflictivo cuando los delegados son de FASGA y FETICO[28]-. Avances reducidos y en buena medida debidos a la reducción del desempleo -del 21,5% en 1985 al 16% en 1991-, que provoca problemas de reclutamiento en zonas como Madrid y Cataluña.
Esta situación limita mucho el margen de maniobra de los sindicatos de clase. En algunas zonas organizan concentraciones o se suman a las manifestaciones de pequeños comerciantes contra la apertura dominical[29]. A menudo, especialmente cuando FASGA y/o FETICO dominan el comité intercentros[30], su acción se limita a la judicial: denunciar incumplimientos de convenio, de la normativa laboral, presiones sobre los trabajadores o persecución antisindical. Denuncias que, con el sistema autoritario de dones y contradones, solían tener poco recorrido. Así, era difícil hallar testigos del acoso por pertenecer a CCOO. O, cuando se denuncian cambios de horarios o prolongaciones de jornada que van contra lo estipulado en el convenio, la empresa puede aducir que se trata de acuerdos individuales voluntarios[31].

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